COMUNICAV | Nº31 tercer cuatrimestre 2025

Por Eva Altaver y Daniela Rovatti. Fotos: Agustín Rovatti COMUNICAV 37 UN EQUIPO QUE NACIÓ DE UNA PREGUNTA Mientras empezamos a deleitarnos con los platos, escuchamos atentamente la historia de este equipo. La historia del equipo del ICAV empieza, como tantas cosas importantes, con una pregunta aparentemente simple. A finales de los años noventa, el entonces de‑ cano del Colegio de Abogados de Valencia, Luis Miguel Romero, recibió la noticia de que existía un campeonato de España de fútbol entre co‑ legios de abogados. Y preguntó algo que nadie se había planteado antes: “¿Y nosotros? ¿Por qué no tenemos equipo?”. Hasta ese momento había habido algún intento informal de fútbol sala, pero nada estable. La idea fue creciendo poco a poco. Dos hermanos aboga‑ dos, Mario y Ricardo Pérez, decidieron ponerse ma‑ nos a la obra. Organizaron una especie de prueba improvisada para seleccionar jugadores. La escena tiene algo de historia fundacional: una mañana en los campos de Paterna, varios partidos entre abogados y un invitado especial observando desde la banda. El encargado de elegir fue Suso García Pitarch, exjugador del Valencia y también licenciado en Derecho. “Ju‑ gamos varios partidillos y él fue seleccionando —recuerda Raúl— y, cuando terminó la mañana ya teníamos equipo”. Y casi sin transición, ese equipo recién formado se marchó a disputar directamente el campeo‑ nato de España. Algunos de aquellos primeros jugadores siguen todavía en activo. Los hermanos Pérez, por ejemplo, continúan entrenando con el grupo más de veinte años después. La horquilla de edad del equipo hoy es amplia. Hay jugadores que rondan los sesenta y otros que no han cumplido los treinta. Esa mezcla, le‑ jos de ser un problema, es parte de su identidad. EL MEJOR DÍA DE LA SEMANA Para muchos abogados, el miércoles por la tar‑ de es simplemente la mitad de la semana. Para los jugadores del equipo del Colegio es otra cosa muy distinta. “El miércoles es el mejor día de la semana”, dice Olmos sin dudar. El entrenamiento se celebra en Puçol, a unos treinta minutos de Valencia. Llegar hasta allí después de una jornada de trabajo no siempre es fácil. Pero lo sorprendente es que casi nadie falta. Llueva o haga frío, aparecen entre veinte y treinta jugadores. Primero el entrenamiento. Después la ducha. Y luego la cena. Ese ritual semanal es, en realidad, mucho más que deporte. “La mayoría hemos jugado al fút‑ bol toda la vida —explica Olmos— y, cuando es‑ tás jugando te olvidas de todo”. En un mundo profesional cada vez más exigen‑ te, ese momento semanal se convierte en un paréntesis en el que el tiempo se mide en pa‑ ses, carreras y bromas de vestuario.

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