RAÚL OLMOS COMUNICAV 40 SIMPLEMENTE, JUGAR La comida se acaba y la terraza empieza a quedarse más tranquila y lo que queda flo‑ tando, como un horizonte, es la pasión por jugar. Mientras recogemos las notas, por esos veri‑ cuetos de la memoria, recordamos un episo‑ dio curioso de la historia del fútbol. Ocurrió en 1914, en plena Primera Guerra Mundial. Durante la víspera de Navidad, sol‑ dados alemanes y británicos comenzaron a cantar villancicos desde sus trincheras. Poco a poco dejaron las armas, salieron a la “tierra de nadie” e intercambiaron saludos y peque‑ ños regalos. Uno de los soldados apareció con una pelota. Y durante un rato —apenas una hora— solda‑ dos que, hasta entonces se habían estado matando, jugaron juntos un partido improvi‑ sado sobre el terreno helado. En tiempos como los actuales, la escena es un deseo. Y quizá, quién sabe, empiece con algo tan sencillo como una pelota rodando sobre el campo. Porque eso también es el fútbol.
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