COMUNICAV 27 Por Daniela Rovatti. Fotos Juan Molpeceres y Jairo Muñoz UNA HERENCIA MÁS VALIOSA QUE UNA INSTITUCIÓN «Bargues nos dejó algo mucho más valioso que una institución», dice Molpeceres sin dudar. Lo que transmitió fue, sobre todo, una manera de mirar: entender que detrás de cada condena hay una persona. También enseñó a acompañar en silencio, sin juzgar, y a elegir a quienes no tienen otro sitio donde estar. Ese legado, intangible e invaluable es el que el actual presidente asumió como principal responsabilidad cuando tomó el relevo, después de que su fundador dejara su presencia activa con 80 años. Su reto no era transformar Casal de la Pau, sino cuidar su esencia. En tiempos en los que resulta fácil profesionalizar los servicios y olvidar a las personas, la prioridad era crecer sin perder cercanía. Hoy, la entidad ha fortalecido proyectos y ampliado su presencia, pero lo que Molpeceres valora por encima de todo es que sigue siendo un lugar donde las personas encuentran afecto, no solo recursos. MOCHILAS CADA VEZ MÁS PESADAS El perfil de quienes llegan a Casal de la Pau ha cambiado. A los problemas derivados de haber pasado por prisión se suman ahora, con frecuencia, trastornos de salud mental, adicciones, soledad extrema, pobreza cronificada o la ausencia total de redes familiares. Cada vez llegan más personas que llevan años sintiéndose invisibles. Esa realidad obliga a entender la reinserción de otra manera. No se trata únicamente de encontrar un empleo o una vivienda, sino de reconstruir vínculos, autoestima y sentido de pertenencia. Y el primer obstáculo que aparece en el camino es, en palabras del propio Molpeceres, el vértigo de la libertad: «Cuando alguien sale hoy de prisión sin recursos ni apoyo familiar, lo primero que descubre es que tiene que encontrar dónde dormir, cómo mantenerse, cómo gestionar trámites que para otros son rutinarios y cómo enfrentarse a una sociedad que a menudo desconfía de ella. Pero quizá la mayor dificultad sea otra: constatar que nadie la espera al otro lado». «Quizá la mayor dificultad sea constatar que nadie los espera al otro lado».
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