COMUNICAV 40 GENES, ENTORNO Y PREGUNTAS Hay una pregunta que atraviesa toda su trayectoria: ¿somos quienes nos educan o quienes nos engendran? ¿La identidad se hereda o se construye? ¿Puede una persona sentirse completa sin conocer sus orígenes? Vila no responde con una fórmula cerrada. Sabe que el entorno importa. Pero después de casi cuarenta años acompañando reencuentros, confiesa que hoy concede a la genética más peso del que le atribuía antes. «Ahora creo que la genética tiene más peso de lo que pensamos», dice. Ha visto casos que todavía le erizan la piel. Personas que conocieron a sus madres biológicas después de más de cincuenta años y compartían con ellas gestos, tics, formas de sentarse, modos de hablar o inclinaciones que nunca pudieron aprender por convivencia. No se trata de negar el peso de la crianza, sino de reconocer que en los cuerpos y en las conductas parecen viajar informaciones que desconocemos hasta que aparecen frente a nosotros. CREAR UN MUNDO Cuando le preguntamos por el futuro, aparecen otra vez los dos Enriques que nunca terminan de separarse: el abogado y el escritor. Como escritor, lo inmediato es seguir con la saga Armagedón, un universo de ficción creado alrededor de un bufete de abogados. Son siete letrados, una trama de thriller jurídico, un mundo que él imagina de manera muy cinematográfica. Una productora le ha pedido que desarrolle el lore, el entorno narrativo de Armagedón, y esa tarea lo entusiasma. Como Enrique, a secas, el plan de futuro es más íntimo y más antiguo: encontrar a su familia biológica. Cree que está más cerca por el ADN. Está pendiente de resultados que podrían acercarlo a una rama familiar y, después de 38 años, esa posibilidad funciona casi como un faro. También piensa en aflojar poco a poco el ritmo de la abogacía. Quiere escribir más. Disfrutar de sus hijos, de su casa, de su jardín. Seguir haciendo reencuentros. Seguir contando historias. Y, quizá, encontrar por fin la suya. La tarde avanza y la presentación en la Sala de la Muralla espera. Enrique Vila se levanta para seguir hablando de libros. Nosotros nos quedamos pensando en ese derecho elemental y enorme que atraviesa toda su vida: el derecho a saber. Y que si no hubiera sido adoptado ni abogado, igual hubiera tomado la voz de los silenciados. Y, como de poesía, se trata nos llegan los versos del gran García Lorca, que tampoco sabemos dónde descansa: Trescientas rosas morenas / lleva tu pechera blanca. / Tu sangre rezuma y huele / alrededor de tu faja. /Pero yo ya no soy yo. /Ni mi casa es ya mi casa. ENRIQUE VILA
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